Desde el Evangelio – Domingo de Pascua

Celebremos con gozo la Pascua del Señor que es el camino hacia una Vida Nueva y a una esperanza que no conoce el ocaso de la muerte. Cristo ha resucitado, es la certeza de que el bien ha triunfado sobre el mal y de que nuestra vida tiene un sentido que trasciende a la muerte. No somos algo más en la creación. En la Pascua se cumple el motivo del envío de Jesucristo al mundo: “Dios amó tanto al mundo, que entregó a su Hijo único para que todo el que cree en él no muera, sino que tenga Vida eterna” (Jn. 2, 16). Este acto del amor de Dios hace de la Pascua un hecho universal, no reducido a un grupo determinado. El don que nos trae Jesucristo no es algo automático, necesita de nuestra libertad.

Domingo de Pascua

Llegamos al conocimiento de este hecho, la resurrección de Cristo, por el testimonio, en primer lugar, de él mismo que nos lo anunció en el Evangelio, pero también, por el testimonio de quienes lo vieron y trasmitieron. Así, el acto de fe que nos lleva al encuentro con Jesucristo y nos abre a su gracia, se apoya en el testimonio. Es la experiencia de María Magdalena ante el sepulcro vacío, a la que el Señor con su palabra le da el sentido y la misión de la Pascua: “Ve a decir a mis hermanos: Subo a mi Padre, el Padre de ustedes; a mi Dios, el Dios de ustedes. María fue a anunciar a los discípulos que había visto al Señor y que él le había dicho estas palabras” (Jn. 20, 17). Una mujer, María Magdalena, fue la primera en anunciar a los apóstoles la resurrección de Jesucristo.

San Pablo va a reafirmar este camino de la fe cuando le dice a los romanos: Pero, ¿cómo invocarlo sin creer en él? ¿Y cómo creer, sin haber oído hablar de él? ¿Y cómo oír hablar de él, si nadie lo predica? ¿Y quiénes predicarán, si no se los envía? (Rom. 10, 14). La fe, como vemos, se trasmite por la predicación y es, por ello, un don y una tarea que nos compromete. Es más, si no vivimos y predicamos a Jesucristo lo terminaremos perdiendo, él no ha venido para un grupo exclusivo sino para todos. No somos dueños de la fe en Jesucristo, somos sus discípulos y misioneros para nuestros hermanos. Vivamos con alegría la celebración de la Pascua, que es la fuente que da sentido a nuestra vida.

Reciban de su obispo, junto a mi afecto y oraciones, mi bendición en el Señor.

Mons. José María Arancedo
Arzobispo de Santa Fe de la Vera Cruz

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Fuente: www.arquisantafe.org.ar
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Desde el Evangelio – Domingo de Ramos

Comenzamos la Semana Santa con la celebración del Domingo de Ramos. Subir a Jerusalén es para Jesús llegar al lugar de su “Hora”, al día en el que va a cumplir su misión. Es un día de verdad y de amor, pero también de dolor. Son días en los que lo vamos a escuchar unirse en oración a su Padre: “Abba –Padre-, le dice, todo te es posible: aleja de mí este cáliz, pero que no se haga mi voluntad sino la tuya” (Mc. 14, 36). Es por amor al Padre y a su misión que se hizo obediente, así nos lo dice san Pablo en la lectura del día: “se humilló hasta aceptar por obediencia la muerte y muerte de cruz” (Filp. 2, 8). Su acto de obediencia es un acto de amor. Este domingo iniciamos un camino hacia el triunfo de la Pascua. Somos destinatarios de lo que celebramos, Pascua nos pertenece.

Domingo de ramos3

Siempre he considerado al Domingo de Ramos como un día en el que debemos disponernos a acompañar al Señor en las diversas celebraciones de la Semana Santa, para participar con Él y la Iglesia de la alegría de la Pascua. Es un día que participa mucha gente y lo hace con sinceridad y sentido religioso, pero no siempre se los ve a lo largo de la Semana. Es una lástima, parecería que nos quedamos en la puerta de un camino en el que el Señor nos espera. La vida cristiana tiene, en la participación de la Semana Santa, un momento único de renovación. Por ello, los invito a conocer los horarios de sus comunidades parroquiales para encontrarse con el Señor y acompañarlo. Ha habido grandes conversiones en la historia que se dieron, precisamente, en estos días.

“¡Hosanna! ¡Bendito es el que viene en nombre del Señor! ¡Bendito sea el Reino que ya viene, el Reino de nuestro padre David! (Mt. 11, 9-10). Esta alegría sincera y esperanzada del pueblo que lo recibe, adquiere un significado especial cuando lo vemos ingresar montado sobre un asno. Esta sencillez da sentido a su reinado, así lo vemos cuando le responde a Pilato: “Mi realeza no es de este mundo. ¿Entonces tú eres rey? Jesús respondió: Tú lo dices: yo soy rey. Para esto he nacido y he venido al mundo: para dar testimonio de la verdad. El que es de la verdad, escucha mi voz” (Jn. 18, 37). La fuerza del Reino de Dios es el amor y la verdad, sus armas la fe y la humildad, la honestidad y el servicio. A esta fuente del Reino de Dios, que es Jesucristo, celebramos en Semana Santa.

Reciban de su obispo, junto a mi afecto y oraciones, mi bendición en el Señor.

Mons. José María Arancedo
Arzobispo de Santa Fe de la Vera Cruz

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Fuente: www.arquisantafe.org.ar
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DOMINGO DE RAMOS

Domingo de ramos
¡ Hosanna al Hijo de David ! ¡ Bendito el que viene en nombre del Señor, el Rey de Israel ! ¡Hosanna en el cielo! Mt 21,9
DOMINGO DE RAMOS EN LA PASIÓN DEL SEÑOR
Is 50,4-7 / Sal 21,8-9,17-24 / Flp 2, 6-9 / Mc 14,1-15,47
Los niños hebreos, llevando ramos de olivo, salieron al encuentro del Señor…
Como la muchedumbre que aclamaba a Jesús, acompañemos también nosotros con júbilo al Señor.

Salmo 47 (46) 6
El Señor asciende entre exclamaciones,
asciende al sonido de trompetas.

PARA REFLEXIONAR:

Domingo de ramos2

Oración:
¡Hosanna a ti, oh Cristo! ¡ Gloria, alabanza y honor! ¡ Bendito tú que vienes en nombre del Señor !

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Fuente: www.arquisantafe.org.ar
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