Desde el Evangelio – Este es mi Hijo muy querido, escúchenlo

La Cuaresma como camino de conversión debe tener un ideal, un proyecto en torno al cual orientar nuestra vida. No es posible cambiar, convertirse, si no tenemos un hacia donde nos dirigimos. Aquí adquiere su importancia el Evangelio de este domingo en el que escuchamos la presentación de Jesús por parte de Dios, su Padre: “Este es mi Hijo muy querido, escúchenlo” (Mc. 9, 7). El primer lugar de conversión es el encuentro con Jesucristo que nos habla personalmente. Su Palabra no es una doctrina sin destinatario. Siempre debemos volver a ese comienzo de la fe que es la escucha de la Palabra de Dios, en cuanto dicha por el mismo Dios a través de su Hijo. Esta certeza era, para los primeros cristianos, la consecuencia de ese: “escúchenlo”, así nos lo dice la carta a los Hebreos: “Fijemos la mirada en el iniciador y consumador de nuestra fe, en Jesús” (Heb. 12, 2).

2do de cuaresma

Lo primero en la fe es escuchar al Señor. Dios no es solo un primer principio, ni fruto de nuestra creación, ni una energía sin contenido: es un Dios que habla, su Palabra tiene un destinatario y espera una respuesta. Dios no se desentiende del hombre que ha credo y lo ama. San Pablo nos recuerda esta necesidad de la escucha cuando les dice a los romanos: “La fe, por lo tanto, nace de la predicación y la predicación se realiza en virtud de la Palabra de Cristo” (Rom. 10, 17). Esto significa que el hombre participa de la fe, con su apertura, libertad y confianza. La fe cristiana, como vemos, se trasmite por el testimonio, en última instancia por el testimonio de Jesucristo, que es el “testigo fiel” (Ap. 1, 5). Por la fe, nos integramos a esa cadena de testigos que la reciben y trasmiten. En ello vemos la importancia de la predicación y del testimonio para trasmitir la fe. Aquí, debemos valorar la presencia de la familia y de la comunidad en la trasmisión de la fe.

La escucha de la Palabra de Dios supone una actitud de humildad y confianza, de libertad y búsqueda que dispone nuestra inteligencia y corazón. En una mente y un corazón cerrados no es posible una actitud de escucha. Siempre vuelvo a la figura de Samuel del Antiguo Testamento cuando decía: “Habla, Señor, porque tu servidor escucha” (1 Sam. 3, 10). Esta actitud es el testimonio siempre actual de quien la recibe con un corazón abierto.

Reciban de su obispo, junto a mi afecto y oraciones, mi bendición en el Señor.

Mons. José María Arancedo
Arzobispo de Santa Fe de la Vera Cruz

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Fuente: www.arquisantafe.org.ar
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Desde el Evangelio – El tiempo se ha cumplido: Conviértanse

El 1° domingo de Cuaresma nos presenta a Jesús al comienzo de su predicación, sus palabras son claras y marcan un camino: “El tiempo se ha cumplido: el Reino de Dios está cerca. Conviértanse y crean en el Evangelio” (Mc. 1, 15). La referencia al tiempo es algo propio de nuestra fe, es en el tiempo concreto de la historia donde se nos revela Jesucristo, donde se juega y define nuestra vida. Al decirnos el “tiempo se ha cumplido” nos está diciendo que ha habido un antes, una espera, que hoy se hace presente en su persona. Esta verdad sobre el estilo del obrar de Dios, la misma Biblia lo afirma: “Después de haber hablado antiguamente a nuestros padres por medio de los Profetas, en muchas ocasiones y de diversas maneras, ahora, en este tiempo final, Dios no habló por medio de su Hijo” (Heb. 1, 1). Hay un obrar de Dios en la historia, hay un camino y una esperanza.

 

Cuaresma

Lo primero que podemos ver es que la fe no nos aleja de la historia, sino que ella es el lugar donde Dios se nos ha manifestado y nos habla. Podemos decir que hay un libro de la creación en la que Dios nos habla por medio de la naturaleza pero, sobre todo, un libro de su Palabra en la que él nos habla personalmente como a hombres libres, llamados a escucharlo y a decidirnos frente a él. Nada más ajeno a la fe, que se apoya en Jesucristo que nos habló, que una vida no abierta a la escucha de su Palabra y a dar una respuesta. Dios no crea robots sino hombres y mujeres libres abiertos a la búsqueda de la verdad y con la responsabilidad de su libertad. Debo decir que el evangelio me ayudó a ser libre y a encontrar una meta, que es un camino que lo vivo en la esperanza de la fe, no digo que lo he alcanzado, como Pablo, pero me siento caminando con la certeza del peregrino. El cristiano es un buscador de Dios. La certeza de la fe, no nos exime de un peregrinaje con sus luces y sombras.

En el inicio de este camino el Señor nos habla de conversión: “conviértanse y crean en el Evangelio”. La conversión es una actitud en la que participa nuestra inteligencia, nuestra voluntad y nuestros sentimientos. No se trata de algo parcial sino de un cambio que implica una nueva actitud para afrontar desde el Evangelio todas nuestras situaciones de vida. Cuando Jesucristo comienza a ser el centro de una vida todo comienza a tener una nueva dimensión y exigencia. Él no viene a ocupar el lugar de nadie, sí a iluminar el lugar de todos. Por ello, cuando alguien dice que se ha encontrado con Jesucristo y se aleja de sus seres queridos, familias, amistades, trabajo, hay que desconfiar si el encuentro es auténtico.

Reciban de su obispo, junto a mi afecto y oraciones, mi bendición en el Señor.

Mons. José María Arancedo
Arzobispo de Santa Fe de la Vera Cruz

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Fuente: www.arquisantafe.org.ar
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