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Desde el Evangelio – Navidad, fiesta de la alegría y la paz

En Navidad celebramos la Fiesta de la alegría y la paz de la fe cristiana que tienen su fuente y camino en Jesucristo. A esta verdad la reconocemos en aquellas palabras y en aquellos testigos que vivieron este acontecimiento y nos las trasmitieron: “les traigo una buena noticia, una gran alegría para todo el pueblo: Hoy, en la ciudad de David, les ha nacido un Salvador, que es el Mesías, el Señor. ¡Gloria a Dios en las alturas, y en la tierra paz a los hombres amados por él!” (Lc. 2, 10-14). Navidad es el sí de Dios al hombre que ha creado con amor y no lo abandona, le ha enviado a su Hijo para que él sea su: “camino, verdad y vida”. Esta presencia de Jesucristo es el motivo de nuestra alegría y paz, porque hoy nos sentimos amados por Dios y sabemos que no caminamos solos.

Navidad 2017

Navidad no es solo el recuerdo de un hecho histórico, sino la certeza de una presencia que continua siendo para nosotros y el mundo principio de una vida nueva. Es cierto, esta verdad es un don que se nos ofrece, no se impone, actúa respetando nuestra libertad. San Juan en el evangelio de este domingo, identificando a Jesús con la Palabra, nos dice: “Vino a los suyos, y los suyos no la recibieron. Pero a todos los que la recibieron, a los que creen en su Nombre, les dio el poder de llegar a ser hijos de Dios” (Jn. 1, 11-12). La vida cristiana es el misterio del amor de Dios y de nuestra libertad que lo acepta. La fe no crea a Dios, lo reconoce y se abre a él. Hay una imagen muy ilustrativa en la Biblia que reflexionábamos al comienzo del Adviento: “Yo estoy junto a la puerta y llamo: si alguien oye mi voz y me abre, entraré en su casa y cenaremos juntos” (Ap. 3, 20).

¡Qué bueno pensar que en esta Navidad escuchamos la voz del Señor y le abrimos las puertas de nuestro corazón y de nuestro hogar! Este es el comienzo de esa alegría y de esa paz que tanto necesitamos: Dios con nosotros. Pero también es el comienzo de una tarea, de una misión, que nos debe llevar a ser testigos de su presencia, a trasmitir lo que hemos visto y recibido a nuestros hermanos. Cuando Jesucristo nace en el corazón de un joven, de un hombre, de una mujer, comienza una cadena de amor y de vida nueva que todo lo cambia y todo lo transforma.

Reciban de su obispo, junto a mi afecto y oraciones, mi bendición en el Señor.

Mons. José María Arancedo
Arzobispo de Santa Fe de la Vera Cruz

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Fuente: www.arquisantafe.org.ar
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Desde el Evangelio – ADVIENTO: Un llamado a la vigilancia

Comenzamos este domingo el tiempo de Adviento en preparación a la Navidad. La liturgia se mueve entre la llegada de Jesús en la historia, en Belén, y su segunda venida al final de los tiempos. De su primera venida conocemos la fecha, hay testigos de su presencia, de su segunda venida, en cambio, no sabemos el día ni la hora. Esto no significa una ausencia de Jesús durante este tiempo, desde su Pascua él está presente de un modo nuevo, su presencia siempre es actual. No caminamos solos hacia “ese día”, él permanece y nos acompaña. Esta es la certeza de la fe, la fuerza y la raíz de la esperanza cristiana.

Adviento

El evangelio de san Marcos nos habla de estar prevenidos durante este tiempo y lo hace en términos de vigilancia: “porque no saben cuándo llegará… No sea que llegue de improviso y los encuentre dormidos” (Mc. 13. 33-37). Lo seguro es que el Señor llega, no importa cuando, esto aleja todo temor apocalíptico sobre el fin del mundo, o un pensar que falta mucho. Podemos decir que hay diversas maneras de su venida hoy a nosotros, sea a través de su Palabra, de la Iglesia o los Sacramentos, como de esa otra presencia tan comprometida a través de nuestros hermanos más necesitados, de los pobres, con quienes él se ha identificado. También llegará en ese fin de nuestro caminar en el mundo y que tiene en la muerte su momento decisivo. El Señor llega, estad prevenidos.

El Evangelio presenta este llamado en términos de vigilancia. El estar vigilantes nos habla de una actitud atenta que sabe ver y descubrir su presencia. Lo que se opone al estar atentos es la indiferencia, el no dar valor a lo que me rodea o llega a mí. Para el que está atento toda la realidad adquiere el significado de un signo revelador de su presencia. Se opone al estar vigilantes el individualismo y el egoísmo que nos encierran en una burbuja que nos aísla y corta todo posibilidad de apertura al otro, en última instancia a Dios. Solo escucha el que está atento espiritualmente. Siempre recuerdo aquella palabra de la Biblia en la que el Señor nos dice: “Yo estoy junto a la puerta y llamo: si alguien oye mi voz y me abre, entraré en su casa y cenaremos juntos” (Ap. 3, 20).

Reciban de su obispo, junto a mi afecto y oraciones, mi bendición en el Señor.

Mons. José María Arancedo
Arzobispo de Santa Fe de la Vera Cruz


Fuente: www.arquisantafe.org.ar



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